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Miki López
Lagos asturianos. Lago de Valle de Somiedo al atardecer
Miki López

- Fotoperiodista desde 1991 - Jefe de Sección de Fotografía de La Nueva España desde 2010 - Todos los días intentando aprender el oficio más hermoso del mundo

Memoria Histórica

Uncategorized / 4 Comments / 17 marzo, 2010

Cruces y muro del cementerio de La Carriona. Avilés, 16 de marzo de 2010. © Miki López, 2010


La memoria histórica de Maruja Vega, mi abuela de 83 años, le hace recordar muchas veces como los niños de la posguerra eran capaces de comer los pulgos de las manzanas que algunos inhumanos les lanzaban por la ventana desde donde les miraban y disfrutaban viendo como los pequeños se peleaban por los restos de la fruta. Muchos de aquellos juegos crueles son los que se quedan incrustados en la memoria de las personas con una firmeza tal, que hacen imposible el olvido y el perdón. Pero lo peor de todo es no conseguir superar la vergüenza que otorga la conciencia que da la madurez de aquellos críos que hoy son ancianos. Cuando hay hambre no hay orgullo, pero según va pasando el tiempo, lo más difícil de digerir es la humillación. Y ese sentimiento es el que crece con el transcurso de los años.
Yo no puedo tener (ni quiero) el rencor que el hambre y las humillaciones provocaron en mis abuelos. Pero si tengo el deber de apoyar cualquier iniciativa que alivie la dignidad de los que murieron en cualquier cuneta, trinchera o muro de un cementerio, de un disparo tan frío como el suelo en el que cayeron. Seguramente sus últimos pensamientos fueron para aquellos que hoy no abandonan la esperanza de saber donde dejar las flores del recuerdo.

4 Comments
  • Marusela / marzo 18, 2010 / Responder

    Nunca el tema de la memoria histórica fue tan simple y profundamente explicado como lo acabas de hacer tú con esta imagen y estos pensamientos. ¿Quién tiene aún la osadía de ponerlo en duda…?

    • VILLAR 77 / marzo 20, 2010 / Responder

      Tu comentario me ha emocionado. Ha revuleto en mi cabeza un montón de historias vividas por seres muy queridos para mí. algunos ya desaparecidos y otros aún aquí. Me duele mucho por los que ya no están, nunca nadie podra compensarles por el gran sufrimiento que han pasado. Pero como tú bien dices, aquí estamos nosotros para apoyar a aquellos que ni vivos, ni muertos se les ha dejado hablar.

  • M.Hidalgo / marzo 20, 2010 / Responder

    Cuando hay hambre si hay orgullo, el orgullo de haber luchado por la causa que se consideraba justa. Y mi abuela se quedo con hambre, sola y con mucho orgullo y mucha tristeza por perder a su marido no sabiendo nunca ni como ni por que, ella nunca entiendo de politica, nos decia, pero tambien nos decia que la muerte de esas personas, en ambos bandos deberia de servir para crear otro pais que fuese de todos. Crio a sus hijas y a sus nietos en la creencia de que las cosas cambiaran. No lo vio. Pero si puedo atestiguar que tanto ella como amigas suyas, tambien viudas de guerra nos educaron en la creencia de que si teniamos que sentirnos orgullosos por esos abuelos que nunca estuvieron en nuestras vidas, pero si estan en nuestro recuerdo.

    • mikilopez / marzo 24, 2010 / Responder

      El problema de todas las post-guerras es la discriminación y degradación brutal del vencido. El que defiende sus ideas y pierde una guerra, suele asumir de alguna manera las consecuencias de la derrota. Muchos consiguieron escapar de la brutal represión huyendo del pais y continuando su batalla desde el exterior. La firmeza en sus creencias son una de las bases de la democracia actual y desde luego es de agradecer esa lucha por las libertades de un pueblo. Pero el mayor homenaje debería de ser para los que no pudieron salir de aquí, y en muchos casos murieron por no dejar mujeres e hijos en la más completa miseria. Tratando de dejar de un lado los rencores personales que desembocaron en aquella barbarie represiva, sinceramente creo que no se trata de reprobar a quienes les asesinaron (de eso ya se encargará Dios). Se trata sencillamente de saber donde se encuentran los que murieron injusta y sencillamente porque la moneda no calló del lado que habían elegido.

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