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Las ovejas

Un ganadero de Miranda muestra las ovejas que le mataron dos perros asilvestrados.  Miranda ©Miki López 2008

Las ovejas

No era la primera vez que una manada de perros asilvestrados habían entrado en su finca y sabía, por el nerviosismo de las ovejas, que los animales andaban rondando otra vez por la zona.

Decidió recoger el rebaño al atardecer para poder pasar la noche tranquilo. Y en aquel establo me dejó hacerle este retrato con la luz natural del atardecer que se colaba por los ventanales del edificio.

La barca

la barca

Barca en seco. Castropol.©Miki López 2006

La barca

La barca tenía más de 50 años pero parecía nueva. Cuando llegaba el verano aprovechaba para vararla en seco y limpiar minuciosamente el casco moteado de algas y musgo. Con cuidado, pasaba la espátula para limpiar la madera y levantar los restos de pintura de mil colores que se fueron acumulando a lo largo de los años.

Después daba una primera mano de pintura roja que remataba con los perfiles blancos que remarcaban la borda. Con trazos alargados de brocha gorda, daba una espesa capa color al casco que volvería a subir y bajar al ritmo de miles de mareas, chapoteando suavemente en la eterna tranquilidad de la ría. Huele a salitre, algas y pintura. El olor vivo de la vida junto al mar. Que maravilla.

Enormes

enormes

Mujer en la huerta. Cangas del Narcea. ©Miki López 2006

Son enormes

No pierden la sonrisa porque son felices haciendo lo que hicieron toda la vida. El campo es su casa, la casa de la gente que no lo tuvo fácil en aquellos tiempos de posguerra en los que el hambre rompía familias obligando a esa emigración que hoy tendemos a menospreciar.

Los que se quedaron siguieron trabajando para sacar a sus familias de la pobreza, procurando dar a los que venían lo que ellos nunca tuvieron.

Gracias a ellos somos lo que somos, pero posiblemente nos hubiese ayudado a ser mejores el haber sentido en nuestras carnes una mínima parte del esfuerzo que emplearon para sacarnos adelante. Son enormes.

Un pescador, al amanecer, en el entorno de la isla de la tortuga, en el cabo de Peñas

Pescadores al amanecer

Hay amaneceres que nunca se olvidan. Normalmente son aquellos que llegan sin avisar, en uno de esos días en los que tu intención no era precisamente terminar viendo el alba antes de acostarte. En mi caso, posiblemente alguna cerveza duró demasiadas horas acompañada de una buena charla que terminó una noche de verano frente al Cantábrico, justo a esa hora en la que los pescadores se acercan a los acantilados aportando más magia sobre los perfiles de la costa recortados por los rayos del alba.

La verdad es que muchas veces me pregunto porqué perdemos tanto tiempo durmiendo cuando lo mejor es soñar despierto

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