Si estás interesado en esta foto, contacta con info@mikilopez.com

Book Online

* Please Fill Required Fields *
volver a ser un niño

Dos niños juegan con las olas en la playa de La Griega. ©Miki López 2007

Volver a ser un niño

Las olas rompen en la orilla invitando al juego infantil entre carcajadas que se zambullen en el batir de las olas. Va cayendo la tarde al tiempo que baja la marea provocando esa resaca que hace escapar la arena bajo los pies en un devenir hipnótico en el que uno no sabe si lo que transcurre es el tiempo o el espacio. Volver a ser un niño, cantaban Los Secretos. Quien pudiera.

Un pescador pesca con su caña en el entorno del cabo de Peñas. ©Miki López 2008

Amanecer en Peñas

Amanecer y atardecer en Peñas, la forma ideal de cerrar el círculo solar en Asturias y del que suelen ser testigos los pescadores que lanzan sus cañas desde el borde de los acantilados. Abajo de oye el murmullo de un mar invisible a esas horas de la madrugada. El latido del Cantábrico sube por las paredes verticales cargado del salitre húmedo y fresco de la mañana. Es la hora mágica del amanecer que dura un suspiro pero que se disfruta una eternidad

Las redes del tiempo

Un hombre arregla una red en el puerto de Lastres. ©Miki López 2007

Las redes del tiempo

Todo tiene su tiempo. Cuando somos jóvenes nos lanzamos a la mar a pescar el pez más grande con la red más pequeña sin importar lo duro que sea el temporal. El secreto está en no acabar engullido por ese océano voraz antes de que los años te den la serenidad para saber decidir cuando es hora de sentar el culo y ponerse a arreglar esos aparejos para los que vienen detrás. El tiempo teje sus redes enredándonos en la espiral de la vida como un enorme embudo en el que todos terminamos escapando por el pequeño agujero de su centro

Soportales de la calle Galiana.  ©Miki López 2017

Soportales de Avilés

Muchas generaciones cruzaron estos soportales, guarneciéndose de la eterna calima que dejó de oler a mar cuando llegaron los altos hornos. Pero sus piedras permanecieron impasibles, indiferentes a la espesa atmósfera industrial que oscureció su cielo y sus fachadas. Todo llega y todo pasa en una metamorfosis constante de ese caparazón que la rodea. Sólo ese corazón arqueado permanece indiferente al paso del tiempo

Leave a reply