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Miki López
Lagos asturianos. Lago de Valle de Somiedo al atardecer
Miki López

- Fotoperiodista desde 1991 - Jefe de Sección de Fotografía de La Nueva España desde 2010 - Todos los días intentando aprender el oficio más hermoso del mundo

La casa vacía

Fotoperiodismo / No Comment / 16 agosto, 2016

Elsa en la casa de Muros. © Miki López

Elsa en la casa de Muros. © Miki López

La luz de agosto entraba a raudales por el ventanal de la cocina. Marta preparaba cajas de cartón del supermercado reforzándolas con cinta adhesiva mientras Elsa y Glori envolvían las piezas de vajilla en papel de periódico. Yo observaba la escena esperando a que se llenase alguna de las bolsas de plástico azul que terminarían en el contenedor de la basura.

Farola en El Parador. Muros. © Miki López

Farola en El Parador. Muros. © Miki López

El desorden no impedía que aflorasen los recuerdos y volví a ver a mi suegro Ángel sentado en la esquina de aquella cocina, entretenido con los gorriones a los que alimentaba con migas de pan. Vi a Baby, la superabuela, de pie junto a los fogones, hablando con voz dulce a un Iyán de tres años y rizos dorados que jugaba con cochecitos y canicas en el suelo de la sala. Voces en la distancia que marcan la crueldad del tiempo. Bajé la escalera de la calle con la bolsa a cuestas. Crucé el jardín comunitario intentando esquivar la nostalgia de un pasado tan reciente y tan lejano y no pude evitar cierta tristeza al lanzar aquellos recuerdos envueltos en plástico al fondo de un sucio contenedor. De vuelta a casa volvieron las imágenes y los ecos sordos de los timbres de las bicicletas. Nel recuerda aquellos veranos luminosos de carreras y juegos, de balones de fútbol y patinetes, todo envuelto en la dulzura y el frescor de los besos y los helados de hielo. Y como una estrella fugaz todo terminó. Tan rápido como lo hizo la infancia. Ángel y Baby se fueron pronto, casi sin despedirse, víctimas de la sentencia de un destino que dejó tan vacía la casa que jamás podremos volver a llenar. Esta calurosa mañana de verano cerramos por última vez la puerta tras la que se quedan montones de recuerdos. Y buen pedazo del alma.

 

 

 

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