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Miki López
Lagos asturianos. Lago de Valle de Somiedo al atardecer
Miki López

- Fotoperiodista desde 1991 - Jefe de Sección de Fotografía de La Nueva España desde 2010 - Todos los días intentando aprender el oficio más hermoso del mundo

40 horas

Fotoperiodismo, Política, Sociedad y Cultura / No Comment / 25 mayo, 2019

Trabajo. Camarero en una jornada de 40 horas semanales

Camarera en Cangas del Narcea. ©Miki López

Salgo de casa con la cámara en ristre. Pongo el cronómetro de mi jornada laboral, en teoría de 40 horas,  pero cuando uno se dedica a esto sabe que está casi las 24  viviendo como trabaja y trabajando como vive.

A veces uno se pregunta, con cierto complejo de culpabilidad, si en el fondo no será un enfermo, un adicto al trabajo con imperiosa necesidad de tratamiento psiquiátrico. Pero algo en tu interior te dice que esta es tu vida, que posiblemente podría ser mejor, pero no hay ninguna duda de que también podría ser mucho peor. Y más, tal y como se están poniendo las cosas.

40 horas semanales

Antes de caer en un argumentario de autoayuda sigo caminando calle abajo. Veo gente  cambiando los escaparates de sus tiendas de cara a la nueva temporada de este verano caluroso que se nos avecina. Camareros sorteando mesas bandeja en mano entre clientes de café matinal que miran por encima de sus lentes los titulares del periódico. Un joven subraya las páginas de la sección de anuncios por palabras. Siento la tentación de hacerle una foto con la misma sensación del que consigue encontrarse de frente con un animal en vías de extinción.

Trabajador del metal. Jornada de 40 horas semanales

Trabajador con soplete en Avilés. ©Miki López

Voy haciendo fotos con discreción y pienso en la vida particular de todos esos anónimos que viven ajenos a lo que voy buscando. Una limpiadora vacía el caldero de la fregona frente al portal y tras resoplar , enciende un cigarro rubio que ya tenía liado y convenientemente guardado en el bolsillo de su bata de rayas.

Señuelos electorales

Entre las promesas electorales con las que nos bombardean estos días, algo nos dice a todos que muy probablemente tenemos pocas posibilidades de cambiar las cosas con la esperanza de hacerlo todo más sostenible: el trabajo, los servicios públicos, esa sanidad tan masacrada….. Cada año nos cuesta más asimilar que la mayoría de las promesas no son más que señuelos que se disuelven entre él océano de los 4 años que dura una legislatura y que vuelven a aparecer con la bajamar preelectoral.

No aprendemos ni a hostias. Ni tampoco tenemos las herramientas para cambiar lo viciado de la política española. Impotencia.

Mientras tanto, los que tenemos suerte, seguiremos firmando por esas 40 horas semanales o las que haga falta.

Y que no falte.

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