Mes: febrero 2010

Ciclonín

Olas en el el puerto de Cudillero. © Miki López

Pues gracias a Dios, aquí en Asturias la bomba metereológica fue más bien un petardín. Algo de mar, contendores volcados y las bolsas de los supermercados compitiendo en altura con las palomas. Y nada más. Muchos esperábamos una noche catastrófica y por los alrededores de la comarca avilesina los servicios municipales amarraron hasta algunas marquesinas de autobuses en previsión de la ola de aire que se avecinaba. La calma de toda la jornada de sábado era como el presagio de que algo gordo se nos venía encima. A las 9 salí a la calle cuando empecé a oir bramar el aire a través de las ventanas de casa. Desde el mismo portal veía como las nubes volaban a una velocidad espectacular tapando y descubriendo continuamente la brillante esfera de una luna casi llena. Pero nada que no hubiese visto otras veces, incluso este mismo año, así que me imagino que ayer todos estábamos somatizando el temporal como consecuencia de los avisos de riesgo extremo de los servicios de emergencia. Y el caso es que todos los periódicos de Asturias tenían las páginas de sucesos en el aire (nunca mejor dicho) y a las diez de la noche me veía haciendo fotos de contenedores volcados para cubrir las páginas de un desastre que no llegó (gracias a Dios otra vez).
Esto de las emergencias empieza a ser preocupante. Está más que claro que vale más prevenir y que si se prevé un ciclón, pues hay que seguir las recomendaciones de las autoridades competentes. El problema es que cuando los fallos en las previsiones se repiten en el tiempo, lo lógico es que el personal se relaje con la idea de que el próximo aviso será nuevamente exagerado. Como lo de Pedro y el lobo, vaya.
A la próxima seguro que le haremos caso, aunque seguramente con menos miedo. Y eso no es bueno.

Calma en el molín del puertu

Un hombre amarra su barca en el Molín del Puertu. © Miki López

Vientos de hasta 120 km/h en el Cantábrico, marejada arreciando a fuerte mareja. Pero bueno, es el Cantábrico y no es precisamente una balsa de aceite, y menos en invierno. Oyendo las noticias de hoy, con alerta roja en la costa gallega y unas previsiones bastante terribles para el fin de semana, me acordé de un plácido atardecer en la pequeña cala del Molín del Puertu, en Gozón. Un hombre amarraba su barca en la bajamar del pedrero mientras la luz bajaba lentamente sobre un horizonte algo oscuro pero sin amenaza de lluvia. Todavía recuerdo el aroma dulce, mezcla del ocle de las piedras y de la sidra recien escanciada en el mesón del puerto. Olor y calor de un verano que todavía se va a hacer esperar bastante. A abrigarse todo el mundo.

Viaje al Centro de la Tierra

Mónica Valdés en la sala de las perlas. © Miki López

Los organizadores de las Jornadas de Fotografía de Naturaleza “Luces del Norte” me han invitado a contar mi aventura en la ruta espeleológica de la Cueva de Valporquero que parte de la espectacular entrada de Sil de Perlas y que termina en los barrancos de la salida de La Covona. Será este miércoles a las 19:30 en el centro municipal El Coto de Gijón. Tendré ocasión de contar la peripecia de meter una EOS 1 Y un Speedlite en un furaco como ese en el que empiezas a lo bestia con un rapel volao de 30 metros (si, si treinta metros) que te deja al pie de una estalagmita gigante. Y este es solo el anticipo de las gateras imposibles y no recomendables si vas con algo de sobrepeso, las agua heladas de un río que nunca se acaba y los barracos de salida por la Covona. Solo apto pa chiflaos (como yo, vaya), pero que tuvieron la suerte de contar con la garantía del buen hacer de profesionales como Pepe Blanco, Mónica Valdés o Vicente “Lobo” y con la inestimable colaboración en el material y la producción de esta aventura que corrió a cargo de La Escuela Asturiana de Piragüismo que dirige Calo Soto.
Rapel de 30 metros en la gran sala. © Miki López

Ver Galería completa de fotos

Nordeste

Nordeste en la playa de Peñarronda, Castropol. 2006. © Miki López

El nordeste siempre limpia el cielo. Lo deja tan azul como lo refleja el mar en los dias en que se hace dueño del viento. El inconveniente de esta brisa tan asturiana como la tonada, es que te deja la piel de gallina en cuanto encuentra un resquicio por el que alcanzarte la piel. Cogiendo altura sobre la playa de Peñarronda en cualquier atardecer del año, es fácil ver el resplandor de las gotas de mar que remueve la brisa del nordeste. Y no hay que preocuparse por el cielo. Siempre estará azul.

La Vedete

La Vedete. Antroxu 2010. © Miki López

No sé yo si esta foto no tendría que haberla adjuntao a las del sexyboy del jueves. Y no lo digo porque este personaje de las canillas al aire tenga que ser el antihéroe del musculinos de la noche de comadres. Al contrario. La vedete de la charanga El Felechu no contaba con el calor humano de las mujeres de la discoteca Paradís y tiene el indudable mérito de mantenerse en pie y en continuo movimiento pese a los taconazos de sus zapatos “prettywoman”. Así que todo Dios a quitarse el sombrero ante este monstruo del equilibrismo que tuvo que sustituir al célebre Charlot de “El Felechu” y que excusó su presencia en el desfile antroxeru al encontrarse indispuesto por un cólico nefrítico ocasionao por la panzada de frío que “garró” el viernes por la noche. A mejorarse.

El vendedor de globos

Vendedor de globos. Avilés, 15 de febrero de 2010. © Miki López

Me paré unos diez minutos en una esquina de la calle de La Cámara a esperar por un compañero. Cuando apenas habían transcurrido 60 segundo ya empecé a sentir un frío insoportable. De hecho creo que este ha sido el Antroxu más frío que me ha tocado trabajar. El secreto está en no pararse ni un segundo. Es la única manera de que no se te congele la sangre en las venas. No puedo entender como los vendedores de globos son capaces de pasar tres o cuatro horas estacionados en la misma baldosa tratando de ganarse la vida vendiendo gas embotellado a 5 euros la unidad. Allí estaba el hombre cuando me fuí y allí estaba cuando regresé tres horas después.
Hoy cerramos el periódico sobre las 23:00. De regreso a casa pasé por la misma esquina de la cámara con la curiosidad de saber si seguía allí, sentado en la misma silla. En su lugar tropecé con media docena de adolescentes mezclando las sustancias de su botellón. Un poco más abajo me di de narices con la señal evidente de que había encontrado su furgoneta. No había sitio pa nadie más.
Furgoneta del vendedor de globos. Avilés, 15 de febrero de 2010. © Miki López

Crónica del descenso de Galiana

Remolino de espuma en el río de Galiana. 13 de febrero de 2010. © Miki López

Sábado 13 de febrero, 18:00. En la calle de La Cámara nevaba tímidamente pero los pequeños granos de nieve en polvo que caían lentamente eran incapaces de sobrevivir al contacto con el suelo de adoquines. Los termómetros de la ciudad marcaban 4º centígrados y pese a ello una masa de chubasqueros verdes y amarillos ascendía en dirección a la parte más alta de la calle de Galiana. La mayoría de ellos cubrían los cuerpos de adolescentes de no más de 16 años con unas ganas locas de pasárselo bien. Media docena de cañones de espuma escupian casi sin cesar nubes de burbujas que iban cayendo lentamente sobre las cabezas de los “descendientes” de Galiana, la estirpe a la que dio origen el gran Gonzalo “el del Tragu”, y que como peces en el agua trataban de remontar la marabunta humana que se apelotonaba contra la boca del primer cañón, en una ducha masiva de jolgorio, juerga y carcajadas.
Descenso de Galiana. Baño de Espuma. 13 de febrero de 2010. © Miki López

Las mangueras de bomberos servían para despegarse la espuma con chorros de agua a presión entre cañón y cañón. El agua estaba fria, casi gélida, pero los de los chubasqueros se disputaban los chorros de agua como si fueran las amigas de la novia tirándose como locas a por el ramo después de la ceremonia. Al llegar a la plaza de Álvarez Acebal seguíamos a 4º pero la sensación térmica ya era de 24. Y subiendo según bajaban. La plaza de España hacía la función de estuario y ria de un Galiana de aguas bravas que se hacían breves porque en un moemto ya estabamos en la calle de San Francisco. El parche era la zona de relajación y fin de fiesta del bullicio, de la riada de plásticos, de cartón piedra y poliester aderezados con espuma y confeti. Desde las balconadas del parche se apreciaba perfectamente como el público impoluto se apoyaba en las vallas de seguridad separándose de la inseguridad de los “descendientes” rebozados en blanco y siguendo el curso de un río que ya empezaba a perder toda su fuerza al llegar a la esquina de La Cámara y La Fruta. Todos estábamos calados hasta los huesos pero el frio ya no existe en la desembocadura del Galiana en el mar del antroxu 2010. Como la Calsberg, seguramente el mejor antroxu del mundo.
Descenso de Galiana. 13 de febrero de 2010. © Miki López

Sexyboys

Sexyboy, Avilés 1997. © Miki López

Ya hace años que no me toca la noche sexy de comadres (ni ganas me quedan). De todas formas no puedo resistir la tentación de recordar con fotos la primera de aquellas “juergas” en las que un tio vestido de militar se lanzó solo a la jauría de mujeres que le querían meter billetes en el tanga. Y le metieron, vaya si le metieron. Para mi era nueva esa sensación de ver como un montón de mujeres iban perdiendo el control poco a poco, como si de una marea repentina empezase a cercar a aquel hombre tan acorralado como Rambo. Después de quitarse el tanga, los responsables de la discoteca ya no me dejaron hacer más fotos. Pero me quedaron en la memoria. Tardé horas en cerrar la boca.
Sexyboy. Aviles. 1997. © Miki López

Invierno en el cabo de Peñas

Invierno en el Cabo de Peñas, Gozón. Asturias. © Miki López

Desde la Peña la Gaviera puedes presumir de encontrarte en el punto más septentrional del Principado de Asturias. La luz del faro sigue rompiendo la oscuridad invernal desde mediados del siglo XIX, con la única diferencia de que hoy los automatismos han terminado con una profesión tan romántica como la del farero, ese personaje solitario que en las noches más crudas de tormenta y galerna, pasaba la noche en vela vigilando la linterna de la torre que servía de indispensable guía a los marineros que conseguían capear el temporal traicionero que tantas vidas se ha cobrado en el transcurso de los siglos.
En la actualidad, el Cabo de Peñas es el segundo lugar más visitado de Asturias después del santuario de Covadonga. De todas formas durante el invierno, sigue siendo el mismo lugar solitario de antaño en el que los vientos del norte arrecian con fuerza al chocar contra la pared vertical de los acantilados. Solo el bramido racheado del nordeste acompaña la prematura llegada de una de las noches más frías del invierno.