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Miki López. On the Road

Vidas símbolo

Asturias, Fotoperiodismo / No Comment / enero 22, 2018

Oso pardo cantábrico

Tola en el cercado de Santo Adriano. ©Miki López, 2006

Símbolos

Hay cosas que perduran en la memoria colectiva por la fuerza de la costumbre y el cariño, aceptándolas como parte del grupo social al que uno pertenece, pero lo de convertirse en icono de un país como el asturiano ya es la leche. Muchas veces Lagar y yo analizamos la simbología asturiana desde la óptica privilegiada que nos da el oficio de contadores de historias. Paca y Tola llevan décadas en el limbo de los topicazos de esta tierra, a la altura de la fabada, la sidra, la gaita o la tonada. Fueron el emblema de la recuperación del oso pardo cantábrico en el momento en el que Asturias necesitaba como el comer buscar alternativas a la feroz reconversión industrial. La figura del oso complementaba perfectamente la iconografía del Paraíso Natural que brillaba con tonos verdes esmeraldas tras las arcadas perrromanicas de Santa María del Naranco. Las osas, rescatadas de forma un tanto rocambolesca de las manos del furtivismo que se las quería cocinar a fuego lento tras liquidar a su madre, se convirtieron en las mascotas de los nuevos asturianos comprometidos con la sostenibilidad y la rentabilidad del paisaje, la flora y la fauna.

El cercado

La primera vez que las vi fue hace algo más de una década. Era primavera y Paca y Tola campaban a sus anchas por el cercado que ocupa una amplia franja entre los límites de los concejos de Santo Adriano y Proaza. Roberto García cocinaba con cariño el menú de legumbres y fruta que los plantígrados parecía oler a kilómetros de distancia. La gente se amontonaba junto al vallas del cercado de Santo Adriano mientras los animales, ajenos al tumulto, daban buena cuenta de su almuerzo. Pero primero aparecieron entre la maleza. Tola me miró en la distancia con indiferencia y hoy siento cierta tristeza al recordar ese cruce de miradas. Hace pocos años repetí una escena similar pero esta vez con un oso en libertad. Fue en Degaña. El animal, en época de celo,  me sorpredió a escasos 200 metros de distancia y también clavó su mirada en la mía. Pero esa mirada respiraba libertad y cierta inquietud, creo que por ambas partes. El imponente bicho se giró y desapareció en la maleza sin demasiadas prisas. Nada que ver con las que yo tenía por inmortalizar el momento y  que me impedía levantar el dedo del disparador de la Canon que echaba humo por el obturador.

La recuperación

Tola pasará a la historia junto con su hermana Paca, como los dos especímenes de oso pardo cantábrico que, de alguna manera, implicaron a los asturianos en la labor de recuperación de esta especie en vías de extinción. La población osera va recuperándose poco a poco y los puntos de avistamiento ya son un reclamo importante dentro de la oferta turística del Principado. Mientras tanto, Proaza y Santo Adriano, podrán seguir presumiendo de Paca sin olvidarse de Molinera, la joven osa que ya lleva unos años campando a sus anchas por el cercado. Al margen de polémicas sobre la libertad de estos animales,  creo que debemos sentirnos orgullosos de que una de las joyas de nuestra fauna mantenga una buena progresión en la carrera contrarreloj por su recuperación. Y mucho de esto se lo debemos a una de sus vidas símbolo: la pequeña Tola. Buen viaje osita. Los asturianos no te olvidaremos.

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