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Miki López. On the Road

El Beleño

Uncategorized / No Comment / febrero 8, 2018

Aurelio Argel en el Ca Beleño. Mayo de 1994.©Miki López

Beleño

Un día de invierno de 1986 volvía de clase en el interior de un destartalado autobús de línea que cubría los 7 km que separaban Pravia de Soto del Barco. Por los altavoces beige de aquel trasto, comenzó a  brotar una melodía sencilla y repetitiva que sencillamente me cautivó. Distiguí los acordes de una guitarra acompañando el fraseo limpio y evocador de un arpa, una flauta y un violín. Esperé impaciente a que alguien, al terminar el tema, me diese una pista de los autores de aquella maravilla sonora, pero el autobús llegó a Soto y por la radio, únicamente comenzó a sonar la entradilla de cabecera de Radio Asturias.

Crucé el barrio de La Magdalena tarareando aquel tema y al llegar a casa, comencé a repetirlo con una flauta dulce que teníamos abandonada por casa. Algo tenía aquello que me cautivaba, que me invitaba a tocar una y otra vez aquella melodía  que parecía encajar perfectamente en  la banda sonora del paraíso natural en el que había tenido la suerte de nacer y vivir.

Días después de aquel episodio, rebusqué en una tienda de discos de aquellos ya lejanos 80 y mis manos tropezaron  con la funda de un vinilo dibujada a mano. Distinguí la estrecha bahía de Cudillero y un hermoso arco iris recortándose sobre el horizonte de un Cantábrico pretérito, casi neolítico a tenor de las cabañas de techumbre vegetal que rodeaban el espigón del puerto. Sobre el dibujo, un nombre céltico a rabiar: Beleño. Debajo, el título del trabajo: Na ca’l fuau (En la casa del fuego)

Di vueltas a aquel disco, disfruté de su maquetación, de su impecable caligrafía, de su trabajado diseño y sobre todo de sus textos en una lengua que conocía perfectamente pero que no estaba acostumbrado a ver por escrito. En aquel momento mi estrecha economía de estudiante no me permitió gastarme las 900 pesetas que costaba aquella joya, así que tocó ahorrar y en unas semanas aquella maravilla estaba en casa.

Frankie Delgado, Xel Pereda y Marcos Llope en una Jam Session en el Ca Beleño. Mayo de 1994. ©Miki López

El Chigre

No sé cómo puedo describir lo que sentí la primera vez que escuché el “Na Ca´l Fuau” de Beleño, pero en mi vida musical supuso un antes y un después. Mi primera sorpresa llegó con los primeros acordes de Cau’l Chouzano, la melodía perdida de Fernando Largo que escuché en aquel viejo autobús de línea, un tema que despertó en mi un insaciable hambre por la música asturiana y que supuso un nexo de conexión con el amor que mi padre y mi abuelo tenían por la tonada y la gaita del pais. Además aquel descubrimiento contribuyó personalmente a la dignificación de la llingua asturiana que teníamos la suerte de hablar en casa y que mis profesores se cansaban de corregirme en el rancio colegio San Luis de Pravia. Realmente fue como descubrir de pronto mi identidad sin ningún atisbo de nacionalismo que fuese más allá del puro orgullo de ser asturiano y poder presumir de ello.
Y al invierno siguiente recalé en Oviedo. Después de descubrir el grupo y de memorizar los nombres de aquellos fenómenos musicales (Fernando Largo, Frankie Delgado, Xuan Prado, LLuis Gómez de Benito, Dani García y Nacho Muñiz) me di de narices con el bar.

Jam Session. Llande Cubel y amigos en el Ca Beleño. ©Miki López/1994

No sé exactamente cuántas noches pasé en el Beleño entre cervezas, carajillos, violines, flautas, gaitas y amigos. Lo único que sé es que allí nacieron ilusiones, pasiones, grupos y discos. Allí se concentraba buena parte de  la cultura patria que, como yo, venía de otras partes de Asturias. Allí hablé castellano, inglés, gallego y sobretodo un asturiano sin complejos. Allí aprendí a tocar la flauta travesera, allí nació N’arba, el grupo folk que me hizo disfrutar los mejores años de mi vida como parte de aquel elenco de embajadores de la cultura asturiana que fuimos y seguimos siendo los músicos de folk. Allí compartí tantas cosas, que hoy siento brotar demasiadas emociones mientras escribo estas líneas al recordar aquellos años de birra y rosas.

Despedida

Puedo presumir de haber tocado en el Beleño, puedo presumir de tener colgada alguna foto en sus paredes, puedo presumir de tener un autógrafo de Xuan Prado y del inolvidable Fernando Largo en un posavasos de 1986.

Pero la vida sigue y todo tiene su ciclo. Sólo queda agradecer a ese templo del asturianismo y la cultura del arco atlántico, la impagable labor desarrollada durante décadas y que fue semilla y luego fruto del espectacular nivel de música tradicional que hoy tenemos en Asturias. Estoy convencido de que sin Beleño y sin el Ca  Beleño, Asturias hoy sería culturalmente mucho más pobre.

Os estaremos eternamente agradecidos.

Bon viaxe xente. Vémonos  n’otru bar porque EL CHIGRE tien que pesllar con una bona montonera recuerdos dientro. Non escaeceremos.

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